Hernan Buchi – Como Progresamós Mas?

Hernán Büchi, ex ministro de Hacienda y artífice del modelo económico actual, entra al debate posprimarias Tenía solo 35 años cuando Hernán Büchi fue nombrado ministro de Hacienda del gobierno militar en 1985. Mucho antes de la moda por correr que existe hoy, era y sigue siendo común verlo trotar por las calles de Santiago. “Cómprate un auto, Perico”, le gritaban en los años en que la gente comenzó a reconocerlo en la calle. A fines de 1990, en un seminario ante empresarios, el primer ministro de Hacienda de la Concertación, Alejandro Foxley, le hizo un público reconocimiento por haber sido el impulsor del “círculo virtuoso de la economía chilena”. Con algunos ajustes, el modelo económico diseñado bajo su gestión trajo como resultado un período de crecimiento rápido y sostenido pocas veces visto en la historia local.

Director de empresas, asesor de gobiernos a nivel internacional y fundador de Libertad y Desarrollo, da pocas entrevistas y solo cuando cree que su palabra puede aportar al debate. Esta es una de esas ocasiones. Pasadas las primarias, dice que estamos en un “momento definitorio”, donde a su juicio las propuestas de la candidata Michelle Bachelet amenazan con borrar los puntales que han permitido los avances del país. Alude a la esfera política, donde la idea de una asamblea constituyente entrega a la mayoría más uno la posibilidad de cambiarlo todo. También al ámbito económico, con un rechazo profundo a las radicales propuestas de transformación al sistema tributario que él ayudó a diseñar y que considera esencial para estimular el ahorro y financiar la inversión.
—Usted no habla muy seguido, ¿por qué ahora?, ¿cómo leyó el mensaje de estas primarias?

“Estamos en un momento definitorio en Chile, ya se cumplió una primera etapa que son las primarias, la carrera está en tierra derecha y esperaría un debate más centrado de ideas. Desgraciadamente, no se cumplió el propósito de tener primarias parlamentarias generalizadas. En la presidencial participó mucha más gente de lo que se proyectaba, y la votación de la Concertación se acercó bastante a la que obtuvo en las municipales; en la Alianza fue muy inferior”.
—¿Le sorprendieron el segundo lugar de Velasco, la derrota de la DC, y la avasalladora votación de Bachelet?

“En ejercicios similares y sin ningún aparataje, la Concertación movilizó 1.200.000 votantes en 1999. No es sorpresa su votación y tampoco que quede confirmada la candidata que aparece como mayoritaria. La sorpresa hubiera sido si Bachelet hubiera estado bajo el 70%, menos que el 72% de Lagos cuando compitió con Zaldívar”.
—Como ex ministro de Hacienda y ex candidato presidencial, ¿qué opina de Velasco, le quitó votos a la derecha, como dice Allamand?

“Aprecio lo que ha hecho y sus planteamientos, cuando pareciera más fácil seguir las encuestas o lo que parece popular. Tuvo una votación importante en todo el país y es prematuro decir si son votos de la centroderecha, pero es valioso que sea una cara nueva en la política, que no está apoyada por partidos políticos y que trate de crear y no de seguir opinión”.
—Mirando a su sector, ¿cómo ve la votación de la Alianza?

“Es muy importante que la centroderecha haya sido capaz de hacer en forma ordenada esta definición, que en el pasado ha sido bastante traumática y menos participativa. Esto debiera facilitar una acción armónica en la elección definitiva y parlamentaria”.
—¿Ve cuesta arriba la elección, cuando ambos candidatos sumaron 30% versus el 53% de Bachelet?

“No me gustan las primarias simultáneas, esto no es una preelección presidencial, y nadie se atrevería a decir que haya quedado definida. La candidata de la Nueva Mayoría, que para mí sigue siendo la Concertación con el Partido Comunista adentro, muestra una cifra importante en las encuestas, pero cinco meses en política es bastante tiempo”.
—¿Qué debe hacer la Alianza para conseguir un segundo mandato?

“La tarea es difícil, pero no está jugada la elección. En política, al final, lo más importante es defender los valores y principios que le hacen bien al país. Cuando fui candidato hace muchos años, mi meta fue que no quedaran desperfilados los pasos muy relevantes que había dado Chile. Si bien perdí, me siento muy exitoso en que esas ideas perduraran por mucho tiempo.

Hay una especie de dicotomía. Este gobierno ha sido muy exitoso en lograr que la gente tenga hoy más empleos y bienestar que hace cuatro años. Sería un caso de estudio entender por qué no facilita su reelección si en otros países como Estados Unidos prácticamente la define”.
—Sin embargo, las marchas han sido continuas en estos años, ¿por qué los chilenos se sienten insatisfechos, no les basta la economía?

“La economía no es todo, obviamente; pero tener trabajo significa incluso una mejor vida familiar, menos conflictos. Es una pregunta relevante por qué las personas se sienten insatisfechas cuando también reconocen en las encuestas que sus oportunidades han mejorado, y hace cuatro años se sentían inseguras respecto a su futuro”.

“Aquí se ha generado la idea de que el progreso no es gracias al gobierno y que no hay nada que agradecerle, que no está en riesgo. Ambas cosas son erradas. El gobierno tiene mucho que ver en esto, y dependerá de lo que hagamos hacia adelante si podemos seguir progresando en condiciones mundiales adversas. Los datos nos muestran que se terminó el buen ciclo económico para Chile, con países emergentes como China consumiendo grandes cantidades de materias primas y bajas tasas de interés en los desarrollados”.

“La oposición ha sido exitosa en instalar la idea de que las mejoras en la calidad de vida han sido pocas. Sin embargo, hace cuatro años ellos no lo hacían mejor. La gente estaba bastante hastiada de su incapacidad e ineficiencia, como con el Transantiago”.
—Entonces, ¿el Gobierno no lo ha hecho bien en instalar sus ideas?

“El Gobierno lo ha hecho bien en canalizar esta prosperidad partiendo con muchas dificultades, como el terremoto. Pero, me cuesta decirlo, no lo han hecho bien en transmitir cómo han conseguido eso. Cuando uno toma ideas del adversario, pensando que mejorará su posición, es doblemente derrotado. Tiene una postura clara y definida, pero le ha costado transmitirla: el país ha crecido y mejorado la situación de todos, especialmente de los más pobres. Soy suficientemente viejo para acordarme de los problemas que Chile tenía años atrás: que no se murieran los niños de los más pobres, que tuvieran agua en su casa y no tuvieran que salir con un balde a buscarla; que tuvieran teléfono. Hoy estamos muy lejos de eso”.
—¿Pero las personas no quieren más cuando se destaca que el país está al borde del desarrollo?

“La pregunta es cómo progresamos más: ¿tirando por la borda todo lo que nos permitió llegar hasta acá o construyendo sobre eso? Con certeza es lo segundo”.
—¿Es esa la encrucijada: construir o tirar todo por la borda?

“Estamos aún en la etapa política, pero hay una gran diferencia entre lo que está planteando hoy la candidata Bachelet y lo que hizo como Presidenta. Aunque la mayoría de las Constituciones han surgido en períodos de excepción, el 91% de los chilenos votó a favor de las reformas constitucionales de 1989 que fijaron, entre otras materias, cómo podía modificarse la Constitución. Se ha modificado muchas veces en estos años, de hecho hoy lleva la firma del ex Presidente Lagos”.
—¿Y estaría de acuerdo con hacerle nuevos cambios dentro de esa institucionalidad?

“Seamos claros; si alguien dice que cambiará la Constitución ‘por las buenas o por las malas’, está dispuesto a tirar todo por la borda y crea una incertidumbre muy grande. Me gustaría hacer cambios en otro sentido: que las personas tengan cada vez más libertad, no que una mayoría cualquiera en un momento determinado tenga muchas facultades. No me gustaría que un 50% más uno decida que no puedo mandar a mis hijos al colegio que quiero o me obligue a ir a uno público laico, aunque yo sea católico, musulmán o judío. Puesto de esa forma, estoy seguro de que la mayoría de los chilenos tampoco quiere”.

“La Constitución debe permitir que vivamos unidos en nuestra diversidad, dar el máximo de libertad a las personas pero tener el poder suficiente para impedir que se impongan grupos vociferantes o que usen la fuerza como hemos visto estos días, porque no es lo mismo votar en un papel a que se impongan los que más gritan en un curso”.

“Hay que ser muy cuidadosos, ¿qué significa poner un derecho genérico a la salud?, ¿que tengo que pagarle la cuenta de la salud obligatoriamente?, ¿o que si tengo hambre y paso por un supermercado puedo sacar algo y no pagar? Los países exitosos tienen Constituciones que limitan a los gobiernos, permiten vivir unidos en la diversidad y no ponen derechos que son deseos”.
—Y cambiar el sistema electoral binominal, ¿está de acuerdo?

“Estoy abierto a escuchar propuestas, pero no he escuchado ninguna que sea sin calculadora en mano y que no suponga un aumento en los cupos. Cambiemos el sistema electoral a uno uninominal, no a uno en que los políticos se esconden en listas pluripartidistas con mecanismos de porcentajes elegidos y acordados”.

“Tenemos que protegernos de aquellas personas que proponen cosas en forma absolutamente demagógica y aprovechan la oportunidad, sabiendo que no lograrán su propósito”.

Elecciones: “Uno no puede creer que ganará cambiándose la camiseta” —Usted plantea que el camino es perseverar en las ideas que uno cree…
“Así es, nunca perdiendo el espíritu autocrítico, pero no buscando una utopía. Uno tiene que defender las ideas en que cree y siempre escuchando cuáles son las ideas alternativas que son razonables”.
—¿Cómo le gustaría que fuera la campaña de Pablo Longueira?

“Tengo claro que no puede ir en contra de lo que representa. Creo que la palabra justicia la aceptan muchos chilenos. Si la Concertación logra decir que ellos son igualdad y la coalición de gobierno actual es desigualdad, entonces ante esa pregunta el electorado dirá que prefiere igualdad. Pero si la pregunta es si prefiero igualdad partiendo de las mismas condiciones, pero sin hacer el mismo esfuerzo, la respuesta va a ser otra”.
—Cuando se plantea defender las ideas y se enfrenta a un escenario donde es probable que gane la oposición, ¿sería la mejor estrategia de la Alianza evitar doblajes, concentrarse en las parlamentarias?

“Cuando digo defender las ideas, no quiero decir que sea kamikaze, pero uno no puede creer que ganará cambiándose la camiseta. A lo mejor va a ganar o perder, puede dar más énfasis a una cosa u otra en el discurso, pero no desperfilar lo que uno es. Si me doy cuenta de que la elección parlamentaria es tanto o más importante que la presidencial, le daré tanto o más énfasis a la elección parlamentaria que a la presidencial”.

“Muchos han ido creando mecanismos para hacer más difícil emprender” —
¿Cree que se ha armado un discurso anti empresa privada en Chile?

“Yo creo que sí. Chile es un país al que le costó bastante darse cuenta de que al final es la creatividad de las personas lo que nos hace progresar. En el período en que hemos sido más proclives a aceptar eso, como por ejemplo en los noventa, son períodos en que ha sido más legítimo y más fácil progresar rápidamente. En la medida en que Chile, si nos remontamos a los 60, fue crecientemente anti empresa, terminó estancado y en un clima de enfrentamiento”.
—¿Por qué se ha pasado de un sistema en que se valoraba la libertad individual al discurso actual?

“Le garantizo que si el sistema tributario no lo hubiésemos hecho retroceder y nos hubiesen permitido seguir avanzando, habría mucho más fluidez. Así como en su momento aparecieron empresarios que nadie se había imaginado, con el tiempo nos quedamos anquilosados. Inconscientemente muchos han ido creando mecanismos para hacer más difícil emprender y una vez que es más difícil, el sistema parece cada vez más de elite: en la medida que usted no ve que otros entran al sistema, es una especie de profecía autocumplida. Si les hacemos difícil emprender, se crea la idea de que el sistema es ilegítimo porque no es fácil entrar”.
—¿Qué le parece a usted la importancia que ha tomado en la discusión la idea de la igualdad?

“Si usted quiere diversidad, no puede pretender que todos sean iguales. Hay una contradicción. Lo que tenemos que darles a todos es su oportunidad de expresar su diversidad, que no es lo mismo que hacerlos a todos iguales”.
—¿Esa diversidad da cuenta de las distancias en ingresos que muchos actores políticos consideran grandes en Chile?

“La palabra justicia es distinta a la palabra igualdad. La justicia es que si alguien hace un poco más, se le pague un poco más. La mayoría de la gente dice estar de acuerdo con la igualdad pero si usted le pregunta a una persona que se está matando en el trabajo si debe recibir lo mismo que una persona que no cumple, le va a contestar que no. No me opongo a ayudar a los más débiles; aporté con ideas para poder ayudar a los más pobres para que las desigualdades más extremas vayan desapareciendo y se den más oportunidades, pero no para hacerlos a todos iguales. Me gustaría que Chile sea diverso. Algunos serán diversos en ingresos”.

Reforma tributaria: “Realmente si usted quiere paz social preocúpese de crecer y de gastar bien la plata del gobierno”
Si en el tema político, la asamblea constituyente era una de sus preocupaciones centrales, en lo económico las reformas al sistema tributario son claves. No por nada él estuvo detrás del diseño del actual esquema de impuestos, incluido el controvertido Fondo de Utilidades Tributables (FUT), al que considera la “piedra angular del ahorro nacional”.
—La oposición está planteando una reforma tributaria ambiciosa. ¿Qué le parece?

“Hay varios puntos que son complejos. Se lee entre líneas: “mire, si quieren paz social acepte estos impuestos”. Mi respuesta a eso es que vean Brasil, vean los impuestos que tienen y miren el gasto público que tienen. Realmente si usted quiere paz social preocúpese de crecer y preocúpese de gastar bien la plata del gobierno”.
—Cuando se subieron los impuestos al principio de este gobierno se dijo que iba a haber una merma de inversión y no ocurrió. ¿Usted cree que va a haber efectos concretos esta vez?

“Si los impuestos no se hubiesen subido, la inversión hoy sería mayor. Lo que importan son las tendencias. La razón por la que me opuse públicamente cuando este Gobierno subió los impuestos es porque iniciaba un cambio de tendencia, validado por personas que antes de estar en el Gobierno se habían opuesto”.
—¿O sea que este gobierno tendría parte de la responsabilidad de que el debate esté girando en torno a los impuestos?

“Creo que no hizo una evaluación correcta de qué significaba abrir esa caja de Pandora. Me parece que en ese sentido tiene responsabilidad”.
—Subir los impuestos 3 puntos del PIB ¿Es mucho? En la reforma del 90 se subieron 2 puntos del PIB …

“Mucha gente me habla de la reforma del 90. Algunos me dicen que se subieron los impuestos a las empresas y no pasó nada y yo les respondo: se olvidan que los procesos tienen una historia y una inercia. En aquella época los impuestos venían cambiando para favorecer el ahorro y la inversión en forma paulatina desde 1984. En 1990, el acuerdo fue detener ese proceso en que se había avanzado mucho, pero no retroceder. Este acuerdo —más una transición política en donde la Concertación valoró muchas cosas que antes había atacado— generó un ambiente muy positivo. Hoy, en cambio, estamos en un proceso de volver los impuestos cada vez más negativos para el ahorro o la inversión. No es de un minuto, viene pasando en el tiempo. Hoy la incertidumbre que se está generando en todos los planos es muy grande. A lo mejor en cinco o siete años más vamos a tener 3 puntos más del PIB de ingresos públicos, precisamente porque al crecer el país los sueldos suben y con ello aumentarán los impuestos que pagan las personas progresivamente. Distinto es que usted diga voy a cambiar el sistema de incentivos de forma completa y además de manera caótica. Sí va a tener efecto y si además pretende hacerlo en relativamente corto plazo, va a tener efectos muy importantes”.
—¿Qué es lo complejo de la reforma propuesta por Michelle Bachelet?

“Menciono algunos puntos de la lista. Hay medio punto del PIB que se recaudaría con más control de evasión y elusión, dándole más facultades al Servicio de Impuestos Internos. Yo la palabra elusión no la entiendo. Es como si tuviera un disco pare en una esquina y el carabinero no sólo le saque el parte a los que no respetan el signo Pare, sino a los se desvían y pasan por otra calle donde no hay ningún signo Pare”.
—Lo que se dice es que la elusión rompe el espíritu original para el cual se diseñó la ley…

“Las leyes se interpretan y los que tienen capacidad de interpretarlas actúan según la ley. No se le puede dar facultades a un funcionario para poder decir: “el Pare debió estar acá, pero como no estaba y no he tenido la capacidad de ponerlo, voy a sacarles un parte igual”. Darle esa capacidad a un funcionario es impropio de un Estado de derecho”.
—¿Entonces la elusión no existe?

“Para mi gusto la elusión no existe. Es un concepto inventado por los gobiernos que quieren recaudar cada vez más y que no se atreven a hacerlo directamente cambiando las leyes. Porque cuando quieren cambiar la ley y los impuestos se dan cuenta de que si hacen una cosa afectan a otro que no quieren afectar. Entonces, los cambian a medias. Las facultades que hoy tiene el SII son más que suficientes. En la relación entre el SII y un contribuyente, siempre la parte más débil es el contribuyente, se le aplican multas, altos intereses…”.
—¿Qué le parece las propuestas en torno a cambiar o eliminar el FUT?

“Ellos esperan recaudar dos puntos del producto con el FUT. Creo que no lo han pensado bien. Dada la forma en que se diseñó la legislación chilena, el FUT es una cuenta, es la contabilidad en la cual se anotan los impuestos que son pagados por las empresas a cuenta de las personas. Básicamente, en Chile se dice que hay un sistema integrado que por lo demás teóricamente es lo mejor. En Estados Unidos la tasa de impuestos corporativa es de 35%, pero terminan pagando un 13%, porque el sistema tiene muchas exenciones. No se puede tener tasas altas sin exenciones si el sistema no está integrado. En la OCDE, Chile es el tercer país que recauda más impuesto a las empresas como proporción del PIB, sólo superado por Noruega y Luxemburgo. La tasa no es de las más altas, pero la base es muy amplia”.
—¿Qué le parece que el 60% de las utilidades del FUT se hayan ido a inversiones financieras?

“Esas inversiones financieras significan que otra persona pudo pedir dinero y hacer una inversión real. En el mundo moderno las inversiones en activo fijo son sólo una parte”.
—¿Y si yo pagara impuestos por lo que gano y después invierto?

“Más eficiente es lo que estoy diciendo, que usted mientras no lo haya gastado no tiene por qué pagar impuestos. Porque si usted tiene que pagar primero el impuesto y después tiene que invertir, ya le quitaron una parte importante de lo que iba a invertir. En términos gruesos, el país tiene 24% de inversión hoy día y tiene un déficit de cuenta corriente de 3,5%… para que el país siga creciendo vamos a tener que o invertir y ahorrar más, o hacer las cosas mejor y eso cada vez es más difícil. Ya ven lo que se demora un proyecto en concretarse. El sistema del FUT es la piedra angular del ahorro nacional”.
—¿Qué otros mecanismos propuestos son complejos?

“Se ha propuesto un mecanismo de depreciación instantánea. Es bastante difícil creer que compensará los cambios a la forma de tributar de empresas y personas porque sólo deja de recaudar 0,21% del PIB, según los cálculos de la propuesta. Las platas que están en el mercado financiero benefician a mucha gente. Permiten, por ejemplo, comprar bonos que financian la construcción de viviendas”.
— ¿Qué pasa con las sociedades de inversión cuya finalidad es que las personas paguen la tasa del 20% como empresa y no la tasa que les corresponde como personas?

“Eso no es verdad. La sociedad de inversión es una sociedad más. Por ejemplo, Copec es dueña de Celulosa Arauco”.
—Pero la crítica se refiere a las personas que no tienen activos fijos, por ejemplo, los profesionales independientes que se organizan como sociedad…

“Le digo una cosa: ojalá lo hagan, porque a los profesionales independientes un año les va bien y al otro les va mal. Y al que es empleado, cuando le va mal a la empresa igual le pagan el sueldo. El profesional independiente que se le acabó el negocio no tiene un señor que le pague una indemnización por años de servicio. Encuentro perfectamente legítimo que se le den las facilidades de que acomoden en el tiempo sus ingresos. Distinto es que se estén comprando autos con eso, que se están comprando casas. En ese caso, las normas del SII son tales que no les conviene hacerlo. Siempre hay excepciones”.
—¿Y cuando hay personas que disfrazan gastos personales como de la empresa?

“Cuando se cobran impuestos, siempre va a haber gente que va tratar de buscarle la vuelta. Siempre, desde que el mundo es mundo. El sistema nuestro, por tener tasas más bajas, incentiva menos esas prácticas. Lo que se ha planteado como distorsiones, no lo son. De hecho, yo avanzaría en sentido contrario, avanzaría en que a las personas aunque tengan un sueldo puedan demostrar que no se lo gastaron todo y que la parte que ahorró no pague impuestos. Yo creo que eso deberían autorizarlo”.
—Usted ha hecho propuestas también sobre los fondos de pensiones e impuestos.

“Yo a los cotizantes de los fondos de pensiones les devolvería los impuestos pagados. Hoy día los fondos de pensiones pagan impuestos pese a que las personas solo les corresponde pagar hasta que reciban la pensión. Eso está perjudicando a los imponentes.
—Queda la idea de que a todos los cambios que se proponen siempre la respuesta es no…

“No, yo le estoy proponiendo muchas alternativas. Le estoy diciendo que a los afiliados hay que devolverles el impuesto, a las personas habría que permitirles descontar gastos en educación”.
—Se lo pregunto porque la sensación es que la derecha más ortodoxa siempre se cierra a los cambios.

“Yo estoy haciendo propuestas. Lo que quiero es avanzar, no retroceder. Fui estudiante en los sesenta y la sensación que tengo es que la discusión hoy es la misma que los sesenta. Con los mismos errores conceptuales que había. Por último, en los sesenta había la ilusión de que los socialismos a lo mejor funcionaban. De hecho cuando vino Fidel Castro todos lo miraron con interés. Ese señor es un dinosaurio que hizo sus propuestas en 1958, pero compare hoy a Cuba con cualquier país. Singapur era entonces más pobre que Cuba. Esas mismas ideas que tenía ese señor, se están repitiendo ahora. Eso para mí es ser retrógrado”.

Educación: “Una parte importante son los recursos, pero también mi ética y decisión de estudiar”
—¿Comparte la aspiración de equidad que plantean los movimientos sociales?

“Los movimientos sociales son una realidad nueva, pero no significa que sean la mejor forma de gobernarse, la más justa o democrática. La democracia representativa debe escuchar a los movimientos sociales, pero impedir que destruyan violentamente los derechos de otros y ver cuáles de sus demandas son realistas y cuáles no. He vivido las protestas aquí y en otros países; hace tres semanas nos hablaban de un Brasil fantástico gracias a la gran acción del gobierno y hoy vemos que había un iceberg gigante por el tremendo gasto público, los altos impuestos y el bajo crecimiento”.
“He visto cómo los países que valoran sus instituciones pueden enfrentar y contener las protestas sociales, como lo hicieron en Wall Street cuando reconocieron que había problemas, pero nadie pensó en una asamblea constituyente. Si empezamos a gobernar con el vaivén del viento, el barco se va a hundir”.
—La distribución del ingreso en Chile mantiene una brecha grande por más de 70 años.

“No me gusta usar un solo número para apreciar algo. Burundi en África tiene el mismo índice de Gini que Suiza. Hay una cantidad enorme de variables cualitativas que han mejorado la distribución del ingreso en forma muy importante. Lo que lograba en educación el segundo quintil hace 20 años, hoy lo logra el más bajo, por nombrar una. Cifras de los últimos cuatro años, de encuestas frecuentes de la U. de Chile, muestran una mejoría en el índice Gini en la medida en que han mejorado las condiciones económicas”.
“Los países progresan cuando todos se van incorporando a la formación de capital humano, ese germen ya está en Chile y podemos echarlo a perder si destruimos la educación. Veo con tremenda preocupación que todos hablan de mejorar la calidad de la educación, y una parte importante son los recursos, pero otra también muy importante es mi ética y decisión de estudiar. Nos hemos olvidado de eso, estamos empeorando el producto y por eso las personas dejan colegios municipales aunque hayan recibido mucho dinero de los alcaldes y del gobierno. La forma de resolver el problema de la mala calidad de la educación pública no es eliminando la educación particular subvencionada”.
—¿Un niño que nace en Chile en La Florida tiene oportunidades similares a uno del sector oriente de Santiago?

“Hoy son mucho más iguales que hace 20 años y si seguimos por igual camino, lograremos mejorar mucho más sus oportunidades. Pero nadie puede tratar de nivelar la cancha arriesgando perder todo lo que se consiguió. Hay que respetar lo que ha permitido hacer un enorme avance, no tirarlo por la borda. Siempre la preocupación de un gobierno debe estar en los sectores más pobres y en diseñar políticas efectivas para ellos”.
—Pruebas como el Simce o la PSU muestran un problema en la calidad de la educación en los sectores más vulnerables…

“A ver, pero en eso hay consenso. Se han hecho muchas medidas a favor de la educación y se han aumentado mucho los recursos. A lo mejor hay que analizar algunas críticamente y tal vez no han sido efectivas. Por ejemplo, si usted quiere mejorar la educación, pero no quiere que ningún profesor sea evaluado, no se puede avanzar en la calidad de la educación”.
—Si los países desarrollados, como los nórdicos, tienen gratuidad en la educación, ¿por qué no hacerlo aquí igual si estamos camino al desarrollo?

“Los países nórdicos tienen un montón de problemas. Me gustaría que escuchara a Mauricio Rojas que fue diputado sueco y hoy día está en España. Hay un tema que la gente olvida; esos países eran muy uniformes desde siempre, muy parejos socialmente. Cuando se mira Suecia en el inicio de su desarrollo, el emprendimiento y la capacidad de salir adelante fueron muy bien valorados, lo que pasa es que ello ocurrió hace ya muchos años. Dar hoy educación superior gratis a todos los jóvenes es sumamente injusto para los jóvenes más pobres que no pueden pensar en estudiar porque tienen que trabajar”.
“Es importante saber que los niveles de impuestos que tienen estos países hoy no son los mismos que tenían cuando tenían el nivel de PIB per cápita que hoy tiene Chile. Hoy nuestro país no tiene la capacidad de dar educación gratis a todos”.

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